La conducta en política es contundente. Expeditivos, abogan por las soluciones drásticas. Partidarios de aplicar las técnicas quirúrgicas conocidas en el desarrollo de la economía: “Cortan por lo sano”. Sin vacilaciones ni ambigüedades, rechazan la burocracia convertida en “la maquina de impedir”. Asumen los riesgos de tomar una posición definida que solo excepcionalmente cambiaran luego con rigor e intransigencia inamovibles.
Respetan la tradición; se muestran ortodoxos en materia doctrinaria. Les atrae lo místico por la cuota de misterio que contiene. Y usan la religión para encauzar el sentimiento mágico. Son malos perdedores. Compulsivos y de ideas obsesivas. Exclusivistas, imponen su criterio y, a la vez, su “paraguas protector”; aplican como nadie una técnica para no dejarse dominar por el pánico. No hacen nada por deporte: Investigan, profundizan, se comprometen. Trabajan de la piel para adentro. No se quedan en la superficie; porque sospechan. Y carecen de términos medios. Se toman de todo en serio. No obstante, pueden lastimar a quienes aman. No titubean ni se rectifican aunque lleguen a equivocarse.
Naturalmente no siempre manejan bien los mecanismos que los “autorregulan”, pero como pocos saben comunicar el arte de la fascinación. La perspicacia es su arma natural. Buscadores natos, pero no en el sentido lúdico. Son los campeones de las pesquisas y las manipulaciones. Tejen y destejen la complicada madeja de los ardiles para alcanzar su objetivo. Con facilidad logran saber las intenciones de los demás. Tienden a catequizar su entorno. Aman el poder y lo pretenden. Creer esta bien dotados para ejercerlo bajo toda circunstancia; se apoyan en su fuerte instinto de supervivencia. Pueden pecar de soberbios; los fracasados les sirven de revulsivos. No pueden tolerarlos.
