Tauro

Buscan la solidez y, por ello, logran un destacado ascendiente en política. Son de comunidades (aunque su naturaleza los ubique como solitarios) sobre las cuales gravitan resaltando su “anti-snobismo”. No son felices sin un credo religioso. A veces hacen de la política un símbolo de culto y pese a que no lo admiten, lo suplantan con una filosofía de culto y pese a que no lo admiten, lo suplantan con una filosofía de vida de enfoque materialista.

Pueden ser considerados conservadores; descreen de los cambios estrambóticos y de los modernismos pregonados. Enemigos de las improvisaciones (“siempre son traumáticas” – sostendrán), no adhieren a la dureza de ciertas acciones si no a la conservación de los valores éticos con los cuales piensan, se forjaran los cambios en el futuro próximo. Tienden a ser monolíticos; les cuesta reconocer un error y variar de metodología para subsanarlo. Todo en ello necesita contención para mantener la discreción y reserva. No siempre logran liberarse de la ansiedad y las obsesiones; rara vez su animo se mostrara bien dispuesto.

Hacen gala de terratenientes; les atraen las posesiones materiales para aislarse de la realidad y no ser arrastrados por las divagaciones (temen ser dominados por el mundo abstracto). La adquisición es un acto orgásmico que los embarga, una sensación de poder que hace desaparecer “el vacío de no poseer”. Asumen una responsabilidad social ilimitada. Carecen de duplicidades: responden a un ego integrado pero ese empecinamiento que los lleva a replegarse en forma hosca frente a la menor agresión, opera en su contra. Son partidarios de la vía electoral y de las determinaciones de gobierno maduradas. Empeñosos, se resisten a creer que el trabajo de una hormiga no vaya a sobrevivir en el futuro. Son los permanentes sostenedores de las clases medias.